La actividad estrella del verano son las salidas a la playa que realizamos semanalmente, siempre y cuando las condiciones climatológicas lo permiten, ya que proporciona a nuestros residentes numerosos beneficios, tanto desde un punto de vista físico como psicológico. Es un estímulo para ellos porque supone un cambio en su rutina diaria y les evoca muchos recuerdos, algo que les produce una mayor sensación de bienestar. Asimismo, andando por la arena y/o nadando ejercitan la musculatura y mejoran la circulación sanguínea.

Ha comenzado la temporada de verano y con ésta, la de sol y playa para nuestros residentes. Y es que realizamos salidas semanales a la playa de Camposoto a las que nos acompañan muchas veces los familiares.

Llevamos ya muchos años realizando esta actividad que proporciona muchos beneficios a nuestros residentes, tanto desde un punto de vista físico como psicológico.

Como nos cuenta Julia Alfaro, médico de la Residencia, “la playa reporta grandes beneficios para la salud. El sol es necesario para regular los niveles de vitamina D, fortaleciendo así  los huesos. Con unos minutos es suficiente, siempre y cuando no sea en las horas de mayor radiación. Es un aspecto muy importante a tener en cuenta de cara a enfermedades que afectan a la población mayor, como es el caso de la osteoporosis”.

“A nivel de la piel – continúa Julia Alfaro -, pese a que ha sido el sol siempre considerado como un enemigo, sin embargo existen enfermedades como el acné o la psoriasis que tienden a beneficiarse tras la exposición solar. Por otro lado, caminar por la playa mejora la circulación, siendo ideal para tratar y prevenir determinadas patologías, como la insuficiencia venosa”.

Asimismo, “desde el punto de vista cognitivo, la actividad de acudir a la playa y la exposición moderada al sol, ayudan a mejorar los estados de ansiedad y depresión, así como el insomnio. De hecho, es en este punto en el que probablemente ofrece unos beneficios más rápidos y visibles. Esto se debe a que la luz regula nuestro ciclo de vigilia y sueño, controlando los niveles de melatonina. Por todo ello – recalca Julia -, disfrutar de un tiempo en la playa no solo conducirá a una mayor sensación de bienestar y una mejoría del autoestima, sino que producirá un impacto positivo a nivel de la salud del residente”

Beneficios desde un punto de vista psicológico.

Para estas salidas, tomamos las precauciones oportunas, siguiendo las indicaciones de nuestro médico: hidratación constante (beber mucha agua y estar refrescándose constantemente), protección solar e indumentaria adecuada (gafas, gorras o sombreros, etc.). En los periodos de ola de calor, evitamos ir a la playa, para no correr riesgos, ya que las enfermedades crónicas y los tratamientos de varios medicamentos, son más vulnerables a las altas temperaturas.

Asimismo, estamos en contacto con los socorristas de la playa que están pendiente de nosotros en todo momento y nos ayudan, asesoran y atienden si es necesario. Ellos disponen de un protocolo que activan si se da algún caso de taquicardia, golpe de calor o desorientación, que son los problemas más habituales que se dan en las personas mayores en la playa.

Aquí podéis saber más de este protocolo de actuación.