“Para nosotros, el residente es la referencia, el que nos marca el camino a seguir”

Bárbara Basallote

Directora de Servicios y psicóloga de la Residencia de mayores Cruz Roja San Fernando

Desde nuestra experiencia percibimos, realmente, que la principal preocupación de los familiares de nuestros residentes es la atención directa que les ofrecemos.

Desde la primera entrevista hasta el último día en la residencia, muestran un interés constante en que estén cubiertas todas sus necesidades básicas, planteándose cuestiones del tipo ¿tendrá frío por la noche y le taparán?, ¿le entenderán cuando necesite beber agua?, ¿le vestirán adecuadamente?, ¿insistirán en que coma?, etc. Todas ellas son justificables, si tenemos en cuenta que parten de los que han sido sus únicos cuidadores, hasta el momento del ingreso.

Como cuidadores responsables y por ese sentimiento de culpa que les invade habitualmente, supervisan el cuidado que se le da a su familiar, comparándolo constantemente con la atención individualizada que, hasta entonces, ellos mismos le proporcionaban.

Todo esto puede compararse, porque hablamos de cuidado, con nuestra actitud cuando llevamos a nuestros hijos a la guardería, cuando los vemos vulnerables e indefensos ante cualquier amenaza o daño. No es hasta que va pasando el tiempo cuando empieza a aparecer el interés por saber qué se hace en una guardería y esto mismo pasa en la Residencia.

Cuando los profesionales nos planteamos la diferencia entre el concepto de residencia de mayores como ahora las concebimos y el de antaño, pensamos en lo anteriormente expuesto. Me atrevería a decir que anteriormente, los trabajadores seleccionados para cubrir la atención directa de los residentes no estaban especialmente formados ni concienciados en la importancia del correcto abordaje de su trabajo que estaba enfocado, únicamente, al cuidado físico.

Hoy es otro concepto. Los profesionales actuales se han formado, tienen experiencia en áreas relacionadas y entienden, como en nuestra Residencia, que todo parte de cómo hay que entender la figura del residente.

Aquí está la clave, en sentirlo como nuestro y como tal, hacerlo desde la responsabilidad que adquirimos en el momento en que empezamos a trabajar en una residencia para mayores. Nos unimos y nos hacemos responsables de la decisión de formar parte, junto con su cuidador, del equipo que debe cuidar al residente tanto física como emocionalmente, con todo lo que ello implica de cariño, empatía, paciencia y comprensión. Si, desde el punto de vista psicológico se percibe así, el funcionamiento de una residencia cambia por completo así como la percepción que tanto los familiares como la sociedad en general van teniendo de una residencia como la nuestra.