Testimonio

Carmen reside con nosotros desde el 1 de febrero. Ingresó entonces en la Residencia de Mayores porque empezó a acusar un deterioro cognitivo muy evidente que le impedía permanecer en su casa.

Como en la mayoría de los casos, la decisión no fue fácil para sus familiares. “Tenemos el concepto heredado de que las Residencias no son buenas y llegamos con miedo y reticencia. Pero luego te das cuenta de que es todo lo contrario. Tanto es así que en 20 días, mi suegra era otra…”, nos cuenta Ana, quien dice estar muy contenta al igual que su marido, e hijo de Carmen.

“Estamos realmente encantados porque en su casa no estaba bien: tenía el semblante siempre triste, tenía alucinaciones, no se podía mover bien dado que su casa era pequeña… Y aquí es todo diferente: la felicidad se le nota en la cara. Hay mucha luz, que es muy importante para ellos y está siempre rodeada de gente”, nos cuenta aliviada Ana ya que además de esto, está muy bien atendida desde un punto de vista médico.

“Me consta que intentará participar en las actividades de Terapia ocupacional aunque cooperará poco dado que no ve bien… Sin ir más lejos, el otro día la encontré con unas maracas en la mano durante la sesión de Musicoterapia”, nos comenta sonriente Ana quien, con su marido, van prácticamente todos los días a verla, como otros muchos familiares.

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