Ctistina reconoce que ha sido duro, sobre todo en los primeros momentos de la pandemia ya que a la incertidumbre general, se unía la de los familiares. “Estábamos muy cerca de los familiares. A través de los teléfonos móviles y tablets que la dirección nos puso a nuestra disposición, les ofrecíamos toda la información que los familiares requerían ya que, lógicamente, estaban preocupados. Y hacíamos a diario videollamadas, para que pudiesen verles y hablar con sus mayores, aunque fuese a través de una pantalla, algo tan necesario en esos momentos”.

Cristina lo ha sentido mucho sobre todo por los residentes. “Muchos de ellos, por su deterioro cognitivo, no entendían bien lo que ocurría. Aunque la ausencia de visitas y el cambio de habitaciones les desorientaba un poco, nos veían siempre con ellos, acompañándoles y estando a su lado. Todos nos centrábamos en animarles y en hacérselo pasar lo mejor posible”.

También lo ha sentido por sus padres ya que, como nos cuenta, tuvo que estar separada de ellos durante el confinamiento. Hablaba con ellos a través de la puerta, imagen que se ha repetido en tantísimos lugares durante el Estado de alarma. Hoy lo recuerda y aunque reconoce que no es nada miedosa, sí siente una cierta preocupación, tal y como está la situación a nivel de contagios en toda España.

Cristina tiene una fuerza arrolladora que contagia a todos, también a los residentes y familiares, a quienes escucha, anima, tranquiliza y orienta. Ejerce como todos en la Residencia, un papel esencial que desde aquí queremos destacar y considerar.

Gracias, Cristina.

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