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Aun estando más cerca, y sigue costando hablar de ella….

Bárbara Basallote – Directora de Servicios de la Residencia

“Desde un punto de vista psicólogico, hay tres puntos clave para hablar con los mayores de la muerte: prepararse y preparar el momento; ayudarles a pensar en lo que quieren y ayudarles a expresarlo”

Hablar de la muerte no es un problema ni un obstáculo, sino una condición. Es de esta manera concebida por nuestros mayores que, quizás por ello, se haya convertido en un tema tabú.

Las personas mayores se encuentran en este proceso del envejecimiento con otra cara de la muerte. Ya no solo son otros los que se mueren, sino que es su muerte la que empieza a preocuparles (se percibe más cercana), y se presenta de la mano de la idea de tiempo.

Ya consideremos el morir como el punto final o como el tránsito a otra cosa, en cualquiera de los casos despierta miedo así como sentimientos de posible sufrimiento o de soledad y desamparo. Todos estos aspectos se unen a la dificultad de asimilar esta etapa de la vida.

Nuestros mayores nos hacen saber que realmente lo que les preocupa y genera miedo es la forma en que vamos a morir. Sin lugar a dudas, hablar de ello es muy necesario, tanto para su tranquilidad como para la de los familiares. Hablar de los cuidados que se quiere recibir así como del miedo que les genera morir de tal o cual manera, les ayuda, a unos y a otros, a estar preparados para cuando llegue el momento.

Lo más relevante de este hecho es poder romper la barrera del miedo, del tabú, y dejar el terreno abierto a la conversación. Desde el punto de vista psicológico, existen tres puntos clave sobre cómo hablar con los mayores acerca de la muerte:

1.- Prepararse y preparar el momento. No es fácil tampoco para el familiar hablar de este tema con una persona a la que parece quedarle poco tiempo de vida. A su vez, no es fácil encontrarse con alguien de frente que te habla de algo que tienes cerca y no te atreves a nombrar. Es necesario conocer aspectos de la personalidad del mayor para saber en qué momento se encuentra y si va a ser capaz de gestionar la información que se intercambie.

2.- Hay que ayudarles a pensar en lo que quieren. Tenemos que “parir a medias”, es decir, por nuestra parte apartar los miedos (que también tenemos) para ayudarles así a expresar lo que realmente quieren.

3.- La importancia de expresar. Una vez está ésto claro, adelante. La conversación debe fluir por sí sola. En el transcurso de la misma, se debe ser paciente y dejar al mayor que vaya asimilando a su ritmo el contenido de la conversación. Por último y sobre todo, no hay que juzgar: el concepto “buena muerte” es relativo y diferente para cada persona.

Las relaciones que nuestro trabajo en la Residencia nos permite tener con los mayores, nos hacen saber que efectivamente hablar de la muerte se hace necesario a lo largo de la vida, desde que se es niño, adolescente y adulto. Cuando los miedos son superados en el adulto mayor, se encuentra a una persona con proyectos, con un entusiasmo y actitud positiva ante la vida y aceptando la muerte. Sin embargo, ésto no es fácil, ya que el adulto mayor constantemente tiene que realizar este balance entre aceptación y rechazo de su propio final.

Aunque la vejez pone al ser humano de cara ante el tema de la muerte, el sano envejecimiento permite que el adulto viva, de manera más satisfactoria, esta etapa con una mejor calidad de vida. Entre las redes de apoyo más importante se pueden mencionar las creencias religiosas, filosóficas y sociales con las que cuenta la persona, que ayudan a verbalizar en un intento de refugio y tranquilidad.

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