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No es lo mismo estar solo que sentirse solo

Bárbara Basallote – Directora de Servicios de la Residencia de mayores Cruz Roja San Fernando

“Utilizamos la pena como un recurso para reaccionar no para afrontar lo que debemos hacer y cómo debemos pensar”

¿Qué percepción existe sobre los mayores que viven en una Residencia?

Generalmente el sentimiento que se experimenta cuando se habla de una persona mayor que vive en una Residencia es LA PENA

Si tenemos en cuenta que la definición de pena es el sentimiento de tristeza y ternura producido por el padecimiento de alguien, esto nos lleva a pensar en:

–  La soledad que experimentan los mayores,

El concepto obsoleto que existe, aún, sobre las residencias para mayores.

Ambos aspectos, si se analizan subjetivamente, hablan de la percepción de aquél que siente esa pena.

Si hablamos de la soledad, las personas somos seres sociales por naturaleza, necesitamos de los demás para vivir. Todo ser humano tiende al encuentro,  a la relación vital con los demás. Por eso, cuando una persona busca a alguien y descubre que nadie está disponible para ella, que nadie se ocupa de ella en un sentido profundo, que a nadie importa directa y verdaderamente, o que no hay nadie buscándola o esperándola, se inunda de pena y vacío, y eso lo transmite a todos aquellos que están a su alrededor.

Por otra parte, es todavía una realidad, el que gran parte de la población piense en las residencias como centros tristes y oscuros donde se abandonan a los mayores, donde apenas se les visita y en los que pasan sus últimos días con la mirada perdida hasta que finalmente fallecen.

Efectivamente, si pensamos así, puede resultar lógico ese sentimiento de pena que inunda a muchas personas cuando hablan de los mayores que están en una residencia.

Es por ello que resulta imprescindible seguir trabajando en la concienciación, por una parte, del papel tan importante que tiene la familia durante la estancia de los mayores en una residencia y, por otra, de la consideración que se le debe de dar a las residencias de hoy día.

La vejez es uno de esos momentos en los que más fácilmente puede experimentarse soledad. Esta etapa de la vida va acompañada de una sucesión de pérdidas, como el trabajo, el estatus social, el cónyuge o la pareja, capacidades físicas, que favorecen la experiencia de la soledad. En este sentido, cuando se decide ingresar a un mayor en una residencia, el acompañamiento familiar se hace indispensable. No es lo mismo estar solo que sentirse solo. Si bien es cierto que en la Residencia los mayores están rodeados de personas, el vacío que les provoca la ausencia de sus familiares favorece el sentimiento de la soledad.

Si el acompañamiento familiar se une al concepto real de las residencias tal y como la entendemos desde la nuestra, es decir, un centro donde vivir y donde poder recibir visitas sin horarios restrictivos, abierto y luminoso, donde se cubren todas las necesidades de los mayores mediante profesionales especializados, con actividades que procuran enlentecer el deterioro así como de ocio y tiempo libre, donde relacionarse y compartir experiencias….sin duda la percepción sobre los mayores cambia.

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