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El frío y sus efectos en las articulaciones de los mayores

¿Cómo actuamos desde Fisioterapia?

Departamento de Fisioterapia

Las personas mayores tienen mayor dificultad de adaptación al frío y al calor debido a que el proceso de envejecimiento influye en el sistema de termorregulación corporal y por ende, en su capacidad para percibir la temperatura ambiente.

Asimismo, con la llegada del invierno, las personas que padecen patologías articulares como artrosis o artritis, pueden notar un empeoramiento en la sintomatología, motivado por el aumento de la humedad y los cambios bruscos en la presión atmosférica. Esto es debido a que en las articulaciones, existe un tipo de receptores, llamados barorreceptores, que detectan los cambios en la presión atmosférica. Cuando en invierno se produce un descenso en la presión atmosférica, estos receptores actúan provocando un aumento en la presión intrarticular para compensarlo. Esto produce una irritación en los tejidos, aumentando notablemente la percepción del dolor.

Habitualmente, estos síntomas pueden aliviarse e incluso desaparecer cuando se aplica un tratamiento que aplica calor al cuerpo.

 

¿Qué técnicas empleamos en la Residencia para minimizar los efectos del frío?

Desde el servicio de Fisioterapia, usamos una serie de técnicas y aplicamos distintos tratamientos con los que obtenemos resultados evidentes.

Existe, en primer lugar, un aspecto fundamental que tenemos muy en cuenta en la Residencia. Debemos mantener un ambiente cálido y confortable que permita una temperatura adecuada en nuestros residentes, algo que conseguimos gracias a un buen sistema de calefacción y de aislamiento térmico del centro.

Asimismo, los residentes deben llevar ropa adecuada y fácil de usar. Para ello, hablamos con los familiares para informarles de la ropa más apropiada que deben usar en la Residencia. Desde nuestro Servicio de atención directa, nos preocupamos especialmente porque los mayores vayan debidamente vestidos y abrigados, ya sea para estar dentro de la Residencia o para las salidas, para las que llevan todo lo necesario para resguardarse del frío (abrigos, guantes, gorros, etc.). Así evitamos que el cuerpo se enfríe y sufra cambios bruscos de temperatura.

Por otro lado, es fundamental que aquellos residentes que gocen de una buena movilidad, realicen de forma habitual una actividad física. En este sentido, antes de salir o dar un paseo, procuramos ejercitar las articulaciones que pueden estar algo más rígidas debido a las bajas temperaturas, algo que hacemos diariamente en nuestra sesión de gerontogimnasia.

Desde un punto de vista técnico, para problemas osteomusculares que repercutan en dolor debido al frío, empleamos una técnica muy efectiva que consiste en aplicar calor con fines terapéuticos: Termoterapia superficial y Termoterapia profunda.

    1. Termoterapia superficial con Infrarrojos.

Se realiza por medio de lámparas de radiación de energía infrarroja y se aplican a una distancia entre 25 y 20 cms., durante un periodo entre 10 y 30 minutos. La intensidad de la aplicación dependerá del paciente. Está indicada en procesos dolorosos medios o crónicos.

Además de ser un eficaz medio terapéutico en sí mismo, se utiliza como preparación para la aplicación de otras terapias como el masaje o electroterapia, ultravioletas o como paso previo a los estiramientos o ejercicios de potenciación muscular. De esta forma, logramos un precalentamiento de la zona a tratar o ejercitar, facilitando el proceso de rehabilitación.

Aunque el grado de penetración en el cuerpo es de apenas unos milímetros, el aumento de temperatura local conlleva un aumento del riego sanguíneo en la zona de irradiación, que perdura varios minutos tras el tratamiento.

    2. Termoterapia profunda con Microondas

Se trata de aplicar ondas electromagnéticas de alta frecuencia, que son absorbidas por el cuerpo humano y transformadas en calor. Los focos que desprenden el calor se sitúan a unos 10 cms. de la piel y se aplican en  intervalos de tiempo de entre 7 y 15 minutos. Las microondas penetran menos que la onda corta, producen más calor a nivel del tejido graso y son muy apropiadas para aplicar en tejidos que se encuentran muy próximos a la piel, como en el caso de tendinopatía rotuliana y aquiliana, epitrocleitis y epicondilitis.

A diferencia de la radiación infrarroja, la sensación superficial suele ser de un calor suave, y sus efectos se perciben en zonas más internas de los tejidos dependiendo de la intensidad. Es una ayuda muy eficaz en la recuperación de lesiones, especialmente en las contracturas.

 

¿Qué efectos resultantes conseguimos con la termoterapia?

En primer lugar, la vasodilatación, que es el aumento del flujo de la sangre a la zona, produciéndose así un efecto analgésico.

Conseguimos asimismo una disminución de la presión arterial puesto que el calor afecta al corazón y reduce la presión sanguínea. No obstante, estamos  muy pendiente porque si baja en exceso puede provocar mareos.

Obtenemos también un efecto sedante, ya que el estímulo de calor favorece la relajación muscular, evita el espasmo muscular, alivia la fatiga y ralentiza la conducción nerviosa de estímulos dolorosos.

 

¿Para qué afecciones está indicada la Termoterapia?

– Afecciones dolorosas en general.

– Inflamaciones subagudas o crónicas

– Neuritis y neuralgias

– Dolores músculo-esqueléticos, contracturas.

– Reumatismos crónicos: Artrosis, Miofibrositis, esclerodermia, Dupuytren…

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