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El cuidado de la piel de nuestros mayores

Equipo médico de la Residencia

A través de toda la piel, nos relacionamos con el medio y nos protegemos de las agresiones externas. Nuestra piel nos permite percibir el frío, el calor, la presión o el dolor, así como nos protege de las radiaciones ultravioletas, de la proliferación de gérmenes y de contusiones.

Además, desarrolla otras funciones: la inmunitaria, la excretora del sudor, la de absorción y la termoreguladora.

Una mala higiene y un déficit de cuidados de la piel, sumado al proceso de envejecimiento y a la concurrencia de otros factores como enfermedades, incontinencia, largos periodos en cama, etc., hacen de nuestra piel un área susceptible de ser lesionada con todos los perjuicios que de ello se desprenden.

 

Origen de las úlceras por presión

Cuando una zona de tejido queda atrapada, generalmente entre el hueso y una superficie dura (cama, sillón, etc.), durante un periodo de tiempo suficiente, se produce una isquemia tisular primero, seguido de una reducción drástica del aporte de oxígeno a los tejidos que llevará a las células a una necrosis de toda el área afectada, provocando lo que conocemos como úlcera por presión (UPPs).

Además de la presión directa, tienen capital influencia en la formación de UPPs, las fuerzas tangenciales o de cizalla, y la fricción o fuerzas mecánicas paralelas a los tejidos. Las fuerzas de cizalla se desencadenan cuando el paciente, bien en situación de sedestación o acostado con la cabecera de la cama elevada tiende, por efecto de la gravedad, a desplazarse hacia posiciones más bajas mientras que la piel adherida a la superficie de contacto tiende a sujetarle en las posiciones iniciales.

La fricción, generalmente ocasionada sobre prominencias óseas y zonas lábiles de la piel, es responsable de la erosión del estrato córneo de la epidermis y, por ello, de la fragilidad de la piel. Estas fuerzas mecánicas son paralelas a los tejidos, frecuentemente de baja intensidad pero que se repiten durante periodos de tiempo prologados, se desencadenan tras las actividades de higiene y secado, movilizaciones inadecuadas, ropa áspera, etc.

El 90 % de las UPP se desarrollan por debajo de la cintura: región sacra (40 %), talones (20 %), tuberosidades isquiáticas (15 %) y caderas (10 %).

Se reduce el riesgo con una correcta prevención, sobre todo con movilizaciones frecuentes, cuidados de la piel diarios y corrigiendo la desnutrición.

 

¿Cómo debemos cuidar la piel?

En la Residencia seguimos unas pautas en el cuidado de la piel de nuestros mayores:

– Lavados con jabón neutro y usando agua tibia.IMG_2019

– Aclarar y secar muy bien la piel, sobre todo los pliegues cutáneos.

– No frotar la piel de forma enérgica.

– Aplicar cremas hidratantes con suavidad, sin frotar sobre prominencias óseas.

– No usar irritantes cutáneos como los que contienen alcohol.

Por otro lado, tenemos especial cuidado con la humedad porque el exceso de ésta sobre la piel favorece que el estrato córneo pierda su impermeabilidad, aumente el tamaño de cada placa de queratina y se degrade la sustancia hidrófoba que las une, haciéndola más susceptible a los traumatismos y a las agresiones bacterianas.

Esta humedad suele derivar de un cuadro de incontinencia, algo que es habitual. Tanto las heces como la orina actúan como compuestos químicos agresivos para la piel y sus efectos se potencian cuando se presentan juntos.

En estos casos, qué hacemos:

– Limpiamos y secamos la piel tan pronto como sea posible tras cada episodio.

– Cambiamos los absorbentes con frecuencia.

– Cambiamos la ropa de la cama si está húmeda.

– Evitamos los productos de plástico ya que aumentan el calor y retienen la humedad.

– Protegemos la piel de los excesos de humedad usando agentes tópicos que ejerzan como barrera de protección (sobre todo el óxido de zinc) y que deberá ser retirado con productos oleosos ya que el agua no es eficaz y el frotamiento para su retirada es perjudicial para la piel.

– Evitamos productos humectantes en estas zonas (como la urea, glicerina y ácido láctico) ya que retienen más humedad.

 

¿Cómo manejamos la presión?

– Cambios posturales frecuentes en aquellos que tienen limitada su capacidad de movilización (sentados y encamados), debiéndose realizar cada 2 horas en encamados y cada hora en los sentados de forma permanente. Si es autónomo, se debe instruir al paciente para que se mueva cada 15-30 minutos ya que la presión sobre tuberosidades isquiáticas es muy alta y predispone a que surja una úlcera por presión en poco tiempo.

– Evitar exponer la piel a la presión directa y fuerzas de cizalla usando aparatos auxiliares para desplazar al paciente, elevándolo y no arrastrándolo.

– No colocarlo sobre prominencias óseas que presenten ulceración.

– Usar almohadas y cuñas de espuma para evitar presiones en las prominencias óseas.

– Usar superficies especiales como colchones de espuma viscoelástica en encamados y cojines de silicona gel en los pacientes con sedestación contínua.

– Protección local en zonas vulnerables, como los talones, usando almohadas debajo de las pantorrillas para elevar los talones y distribuyendo el peso a lo largo de la pierna, con las rodillas ligeramente flexionadas.

 

Importante, vigilar la nutrición

Ante un estado de desnutrición, el riesgo de UPPs es más alto y será preciso usar un suplemento dietético de calorías y proteínas. La administracion de estos suplementos, que suelen ser en forma de batidos hiperprotéicos, debe realizarse en los intervalos entre las comidas principales para evitar la reducción de la ingesta calórica total.

La prevención y curas de las UPPs es uno de nuestros problemas en los cuidados diarios de enfermerñía de la Residencia. Como he indicado, los factores extrínsecos pueden ser controlados por los cuidadores (cuidados de la piel, protección de zonas vulnerables, movilizaciones y cambios posturales frecuentes, etc) pero los factores intrínsecos (edad avanzada, mal estado físico general, enfermedades crónicas vasculares como la diabetes, el estado nutricional, la incontinencia o la inmovilidad) juegan en nuestra contra porque son de difícil o imposible control.

En la residencia, trabajamos al unísono todos los servicios implicados, reaccionando con los cuidados precisos ante el menor indicio de daño, evitando así la progresión a lesiones de mayor gravedad.

 

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