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La labor del gerocultor, más que una asistencia directa

Bárbara Basallote Quirós

Directora de Servicios y Psicóloga  

Los gerocultores cumplen funciones prioritarias en la residencia para con los mayores, entre ellas, atender y cuidarlos en sus necesidades básicas.

Junto con los enfermeros cubren las veinticuatro horas de asistencia y siguen un plan funcional propio de su puesto de trabajo:

  • La higiene personal del residente.
  • Hacer las camas, recoger la ropa, llevarla a lavandería y colaborar en el mantenimiento de las habitaciones.
  • Dar de comer a aquellos residentes que no pueden hacerlo por sí mismos.
  • Realizar cambios posturales y aquellos servicios auxiliares de acuerdo con su preparación técnica y le sean encomendados.
  • Comunicar las incidencias que se producen sobre la salud de los residentes.

Si bien estas son las funciones básicas que los gerocultores deben cumplir, existen otras que no son menos importantes en ellos, como:

  • Colaboración con el equipo de profesionales mediante la realización de tareas que complementen los servicios especializados de aquellos, con el fin de proporcionar la autonomía personal del residente y su inserción en la vida social.
  • Actuación en coordinación y bajo la responsabilidad de los profesionales de los cuales dependan directamente.
  • Guardan discreción y silencio sobre los procesos patológicos físicos y psíquicos que sufran los residentes, así como asuntos referentes a su intimidad, con una actitud de protección hacia ellos.

Pero sobre todas estas funciones, para mí, como psicóloga y Directora de Servicios de la Residencia, cobra especial importancia una: el acompañamiento emocional. Un acompañamiento oculto que sólo se hace explícito cuando los mayores hablan. En el desempeño de sus funciones cabe el diálogo entre ellos, y deja paso a los afectos, la compañía y la empatía, aspectos fundamentales para los residentes, los cuales los valoran y se los agradecen, cada uno a su forma.

A pesar de que la mayoría de los residentes cuentan con la presencia de sus familiares en la residencia, muchos de ellos han vivido antes de entrar, una situación de dependencia durante muchos años en su domicilio, sintiendo ahora soledad y echando de menos a sus familiares en momentos como levantarse o irse a dormir, comer o hacer sus necesidades, en los cuales, una compañía comprensiva y cariñosa les ayuda a sobrellevar mejor su situación.

Por ello, estamos convencidos de que para ser un buen gerocultor deben existir sobre todo, unas capacidades personales que complementen las funciones propias de la profesión y en eso nos basamos a la hora de su elección.

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