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La soledad en los mayores

Elena Rosso, Psicóloga. Departamento de Psicología de la Residencia.

La soledad comúnmente se define como falta de compañía, pudiendo estar acompañada o no de sentimiento de tristeza o melancolía

La búsqueda de soledad se acentúa en etapas avanzadas de nuestro desarrollo, entendiéndose como la voluntariedad que nace de nuestra propia elección en la búsqueda de tranquilidad, deseo de encontrarnos y disfrutar de nuestra simple compañía. Ahora bien, cuando esta soledad no es escogida sino que, de algún modo se siente impuesta, se puede entender como algo dañino desde la percepción de que las relaciones que tenemos con nuestro entorno no son satisfactorias. De esta forma podemos sentirnos solos/as incluso estando rodeados de personas y no hacerlo, aun careciendo de esta compañía.

Esta experiencia de soledad acompañada de sufrimiento, insatisfacción o miedo, entre otros, puede propiciar síntomas de ansiedad y depresión y provocar insomnio.

Hay estudios que demuestran que, llegando a casos extremos, la soledad aumenta hasta en un 14% el riesgo de muerte prematura en la persona mayor (investigación llevada a cabo por John Cacioppo, profesor de psicología de la universidad de Chicago).

¿Qué factores pueden precipitar la experiencia de soledad?

– Mayores que teniendo familia, la sienten lejos y no se sienten valorados/as por ellos/as. Y, en menor medida, los que no tienen familia.
– El cambio de rol que experimentan al no poder realizar y participar de las mismas actividades que antes, creando en ellos un sentimiento de inutilidad, aislándose así de su entorno.
– Falta de autoestima.
– Deterioros físicos como la ceguera o la pérdida de audición.

¿Cómo combatimos la soledad en nuestra Residencia?

La familia es un factor muy importante a la hora de combatir la soledad. El hecho de que nuestros/as mayores estén en una residencia no significa necesariamente que la implicación en sus vidas tenga que ser mínima. El simple hecho de disfrutar de la compañía de la familia puede ser un acto de sumo placer para nuestros residentes. El sentirse todavía parte de la misma, participando en los acontecimientos y celebraciones importantes de ésta, es fundamental para ellos/as. De igual forma, que estos familiares participen de sus nuevas actividades y conozcan su entorno y las nuevas personas que les rodean en su día a día, es muy importante para ellos.

Todo esto hace que esta relación se convierta en una necesidad para nosotros y por ello, ponemos mucho empeño en conocer a los familiares, explicarles el funcionamiento del centro, qué actividades les gusta desarrollar a su familiar y en definitiva, tener un contacto directo dentro de lo posible con ellos/as, para involucrarlos en la nueva etapa que se presenta y formen parte activa de ella. De igual forma, en muchas de las actividades y eventos que se desarrollan en el centro, se les pide participación activa, consiguiendo que unos y otros disfruten. Es más, llevamos al día la participación de estos familiares, con objeto de conseguir el bienestar de nuestros/as residentes.

Igualmente, contrarrestamos esta soledad realizando algunas de las  actividades de las que disfrutaban anteriormente. Para ello, indagamos previamente en sus gustos, dedicaciones, aficiones, etc., para conservarlos, en la medida de lo posible, y poder adaptar las actividades a cada uno de ellos/as. También desarrollamos otras diferentes, de ocio fundamentalmente, para que se mantengan activos y disfruten de su tiempo libre fomentando los lazos sociales entre ellos/as.

En este sentido, también es muy importante que conserven su autonomía lo máximo posible. Por eso, trabajamos diariamente en ello desde los diferentes departamentos, destacando especialmente al de Fisioterapia y Terapia ocupacional que se encargan, el primero, del desarrollo, mantenimiento y recuperación de la funcionalidad de nuestros mayores y el segundo, de mantener la estrategia que le permitan llevar a cabo las actividades significativas en su vida y conservar las capacidades esenciales, como el autocuidado, para no necesitar una ayuda continúa por parte de otros/as. Todo esto contribuye a frenar el sentimiento de inutilidad y les hace recuperar la confianza en ellos/as.

Se trata de cubrir sus principales necesidades, no sólo físicas, sino también emocionales, tan importantes éstas como aquellas.

Recordar quiénes son, sentirse valorados por los demás y trabajar en que tienen todavía mucho que compartir, es también algo necesario de manera especial en esta etapa. Para ello realizamos escucha activa y llevamos a cabo talleres como el de Reminiscencia, donde se crean espacios para compartir recuerdos y experiencias.

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