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¿Cómo favorecemos la autonomía de nuestros mayores?

Uno de los principales objetivos que nos planteamos desde el Servicio de Terapia Ocupacional, es favorecer la autonomía de nuestros mayores. Con ello buscamos proporcionarles el mayor grado posible de independencia y mediante ésta, aumentar su autoestima, mantener y/o recuperar las habilidades básicas y facilitar su integración social.

Es importante que tanto el cuidador como los mayores en situación de dependencia  comprendan la importancia que tiene el que los mayores sigan haciendo por sí mismos las actividades propias de la vida diaria. Cuando se consigue, ambas partes comprueban que la situación en la que se encuentran se puede ir normalizando.

Una vez que el residente ingresa, nuestro servicio inicia un proceso de valoración para así obtener información sobre cómo se desenvuelven a la hora de hacer las actividades de la vida diaria. Esta valoración debe ser exhaustiva y debe tener en cuenta también aquellos datos que pueden ser a priori obvios y/o irrelevantes, que posteriormente se contrastarán con la información que proporciona la familia. Todo ello se realiza en el contexto de la residencia y debe ser objetiva, continuada, terapéutica y explicándole en todo momento el proceso tanto a la familia como al residente.

En esta valoración tenemos en cuenta los siguientes factores: el entorno, la tarea en sí y los artículos de apoyo. Ligado a ello, recogemos los siguientes datos en relación a su desempeño en la vida diaria: hábitos y forma, frecuencia, intereses y motivación, nivel de autonomía y necesidad de adaptación.

A partir de los resultados obtenidos, seguimos una determinada metodología mediante las siguientes pautas:

1. Se hace necesario un entorno tranquilo, con los objetos a utilizar en su alcance y a la vista, retirando lo innecesario y eliminando las barreras arquitectónicas, mediante cuartos de baño adaptados, con suelos antideslizantes, rampas, etc.

2. Respetaremos la iniciativa y autonomía del mayor, así como el tiempo que necesita para desarrollar la actividad.

3. Utilizaremos ayudas técnicas, como asideros, manteles antideslizantes, cubiertos con mangos engrosados o angulados, sillas de ducha, atriles, etc.

4. Seguiremos siempre un mismo orden, manteniendo una estructura que permita crear una rutina. Favoreceremos en el residente una postura ergonómica, ya sea de pie o sentado, evitando las compensaciones.

Con el tiempo, comprobamos que los resultados influyen de forma directa en la calidad de vida del residente. Un ejemplo bastante gráfico sería el hecho de que hay residentes que tras estas actividades consiguen pasar de un comedor donde necesitan asistencia a otro donde pueden comer de forma autónoma, con mínima supervisión. Igualmente observamos cómo llegan a establecer su propia rutina en relación al aseo dental o de manos y cara, hábito que llegan a realizar de forma independiente.

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