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La baja autoestima, un síntoma común en todos los mayores

Bárbara Basallote
Directora de Servicios y Psicóloga

Aumentar la autoestima en nuestros mayores facilita la etapa de aceptación en la que se encuentran

La autoestima se entiende como el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad.

Desde nuestro punto de vista, cobra sentido que en la vejez baje la autoestima puesto que entendemos esta etapa como una fase de aceptación. Aceptación de los cambios físicos, de enfermedades, de bienestar psicológico y de actitudes sociales. Si a esto le añadimos, como observamos en algunos casos, carencias afectivas familiares, la baja autoestima aumenta.

La autoestima se aprende, cambia y la podemos mejorar

En nuestra Residencia trabajamos continuamente esta área, y lo hacemos todos los trabajadores, desde aquellos que se encargan de su atención directa, hasta los técnicos con métodos más especializados.

Partimos de la necesidad de reforzarlos positivamente, alabar sus logros, sus méritos, siempre destacando lo bueno, sus cualidades y habilidades.

Por otra parte, desde el punto de vista psicológico, nuestro servicio de psicología profundiza en las necesidades de cada uno de ellos. Es necesario conocerlos verdaderamente para saber qué tratar con ellos. Para ello, nos entrevistamos con los familiares, con ellos mismos, los observamos y escuchamos e iniciamos pautas que vamos midiendo periódicamente. Se trabaja con ellos la autoaceptación, es decir, aceptar lo que sienten en este momento de su vida y racionalizamos sobre ello, acompañándolos en el proceso. Resaltamos sus aspectos positivos. Los seres humanos nos nutrimos de los aciertos, no de los errores.

El mayor necesita saber que es querido, que es tenido en cuenta y que es útil, para ello es necesario que su parte emocional, sus vínculos con hijos, familiares directos o nietos, se fortalezcan. Tener un apoyo, ya sea un amigo, la familia, la pareja, etc., resulta fundamental para conseguir avanzar en este aspecto.

Es necesario trabajar con los familiares esta parcela, a la vez que el perdón. El perdón entendido, por una parte, como un sentimiento que no debe estar, que no debe pensarse porque sencillamente no tiene razón de ser, puesto que está orientado a perdonarse el sentimiento de culpabilidad ante el ingreso. Y por otra parte, el perdón ante los conflictos familiares. Es necesario perdonar para poder avanzar, tanto si los problemas y en consecuencia, los sentimientos negativos han sido con los mayores, como entre hermanos o familia extensa. Los problemas familiares no hacen más que crear sentimientos de dolor y culpabilidad en el residente, aunque el familiar crea que el residente, por su deterioro, no es consciente de lo que ocurre. No es verdad.

Es necesario reflexionar y trabajar internamente y conjuntamente este aspecto, para cual ofrecemos todo el apoyo y atención desde nuestro servicio de Psicología.

Cuanta más alta sea la autoestima en el mayor, más posibilidades tendrá de establecer relaciones enriquecedoras y no destructivas, y así vivir mejor. Estas son las recompensas de la confianza y el respeto por nosotros mismos. El que acepten la etapa en la que se encuentran y lo hagan con el trabajo psicológico constante y el apoyo de sus familiares. Esto constituye nuestro principal objetivo en el trabajo con ellos.

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