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Los sentimientos en nuestros mayores

Bárbara Basallote Quirós.

Directora de Servicios y psicóloga de la Residencia de Mayores Cruz Roja de San Fernando.

Cuando un mayor ingresa en una residencia, se tiende a pensar en los sentimientos que experimenta el cuidador/ra al respecto, pero pocas veces nos paramos a pensar en los que tiene el anciano, en las ideas que pasan por su cabeza y en lo que ocurre hasta que finalmente se adapta a su nuevo hogar.

Todo mayor que ingresa en una residencia experimenta un proceso de adaptación independientemente de que tenga mayor o menor deterioro cognitivo y/o físico.

Las reacciones, en un principio, suelen ser diferentes cuando un mayor llega por primera a la residencia, para su ingreso. Generalmente, el miedo y la desorientación son síntomas comunes en todos ellos. Para los mayores, con o sin deterioro cognitivo, la adaptación a una residencia es diferente a la vez que difícil, por lo que la llegada a la misma supone un esfuerzo y un conocimiento del lugar del que generalmente no vienen preparados. Si bien el cuidador presenta un sentimiento de culpabilidad al respecto, el mayor lo siente como abandono.

Desde nuestra infancia, los roles que nos han enseñado han estado relacionados con un sentimiento recíproco de cuidado a lo largo de la vida, por lo que el ingreso en una residencia no entra en esa idea, y es considerado por ellos como abandono, entendido como: “me dejas aquí solo”, “no me cuidas como en su día yo te cuidé”, lo cual conlleva a su vez una baja autoestima. Los mayores sienten miedo, incertidumbre, soledad, tristeza, impotencia y melancolía y sobre estos factores se trabajan desde el primer momento.

En primer lugar, hay que trabajar con el cuidador para que en los mayores se vea un resultado. Si éste contempla la verdadera razón de una residencia, si no se siente culpable por lo que está haciendo, si por el contrario concibe este hecho como el mejor cuidado que llegado el momento necesita su familiar, le estará transmitiendo sin lugar a dudas una serenidad y una aceptación, ambas necesarias para afrontar lo que sucede.

Posteriormente, el mayor necesitará tiempo, donde el papel de la residencia es fundamental haciéndole ver los cuidados reales que necesita. Esto, unido a las visitas y el apoyo emocional que la familia pueda aportar para reforzar su autoestima, contribuirá a su seguridad y a partir de aquí, elegirá cómo será su vida en la residencia, si más participativa o menos, estableciendo relaciones con los demás, haciendo las estancias de la misma como suyas y contemplando inclusive al personal como parte de su familia, hasta que finalmente se adapte.

Los mayores son personas con vivencias de toda una vida y por encima de estos sentimientos pasajeros, quieren su bienestar y tranquilidad, eso sí, sin perder el contacto cercano con sus familiares. Necesitan que la residencia se convierta en su nuevo hogar, con la visita de sus familiares y las salidas con ellos.

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