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Mientras mi madre sonría, aquí estaré yo para provocar esa sonrisa…

Va a ser difícil recoger en una pequeña entrevista todo lo que nos ha transmitido Manuela Casal, familiar de Carmen Alba, residente desde julio de 2014, durante una emotiva conversación. Nos gustaría plasmar aquí cada palabra, cada sentimiento, cada expresión, cada silencio también, porque ellos forman parte de unas vivencias que han tenido de todo: desánimo, temor, lucha, ilusión pero sobre todo esperanza, mucha esperanza.

El “escenario” de la Residencia no se concibe sin Manuela, sentada junto a su madre, repartiendo besos, sonrisas y algún que otro caramelo. Ha aprendido a vivir la realidad que le ofrece su madre y no se quiere perder ni un solo segundo de ella. “Mientras sonría, aquí estaré yo para provocar esa sonrisa; mientras quiera darme un beso, debo estar para ponerle la cara y recibirlo… “, dice convencida Manuela de la situación.

Ella y sus hermanos se resignaban en un principio a optar por la Residencia pero la realidad se impuso. “Todos los hermanos nos íbamos turnando para estar con ella pero la situación se tornó en insostenible y fue cuando decidimos ingresarla”.

Desde entonces, ha pasado mucho tiempo y su temor se ha ido acompañando de esperanza, la que nunca ha perdido y la que, sin lugar a dudas, le lleva a estar cerca de su madre, conviviendo con la que llama “su familia social”. “Mi madre convive con personas en ésta su casa y ellas se han convertido también en mi familia social”. Ante esta realidad, Manuela tiene claro qué opción elegir: “tengo dos alternativas: o me integro o me mantengo aislada. Y yo, claramente opto por integrarme. Sólo así puedo ayudar a mi madre y disfrutar de ella”.

Tiene muy clara cuál es su posición como familiar. Ella quiere participar y quiere seguir formando parte de la vida de su madre. De ahí que nos la encontremos siempre ayudándole con las actividades, haciéndole zumos de naranja para prevenir resfriados, custodiando su audífono al que le está muy agradecida y sobre todo, sonriéndole y queriéndole.

Su estancia en la residencia ha requerido, como es lógico, su periodo de adaptación pero Manuela dice satisfecha que su madre está muy bien, que reacciona en muchas ocasiones a los estímulos así como a las preguntas y que sonríe… “y mi madre está despierta durante el día y eso es muy importante”…

Y es que Manuela valora por encima de muchas cosas el trabajo de estimulación cognitiva que se realiza desde Terapia ocupacional, así como la labor de las fisioterapéutas. Afirma con rotundidad que está muy contenta con las posibilidades que le ofrece el centro y con su esfuerzo y reconoce que existe un gran equipo y una gran capacidad de organización que valora especialmente.

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