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Los sentimientos propios del cuidador

Los sentimientos propios del Cuidador

Bárbara Basallote Quirós

Psicóloga Residencia de mayores Cruz Roja San Fernando

La convivencia con personas que llegan a padecer algún grado de dependencia conlleva siempre cambios en la unidad familiar. Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar en la sobrecarga emocional que sufre el cuidador.

Ingresar a uno de tus mayores en una residencia puede resultar muy duro, tanto para ese ser querido, como para aquél que toma la decisión. Supone luchar con sentimientos como el dolor, por no estar preparados para tomar una decisión tan dura;  la pena de sentir que abandonan a su familiar con personas desconocidas, en un lugar que no conoces; el miedo de haber tomado la decisión equivocada o a no haber elegido el centro adecuado; el miedo porque ocurra un accidente o a que el familiar no apruebe la decisión; el temor a que se sienta solo y lo peor, la culpabilidad…”culpabilidad por no cuidar yo mismo de mi familiar”.

Son muchas las razones que les lleva a tomar esta complicada decisión, pero generalmente, suele ser por necesidad. Llegados a este punto, por regla general, los familiares ya han pasado por varias fases. Es muy posible que la idea de ingresar a su familiar en una residencia fuese una opción que nunca antes se hubiesen planteado. Es más, si hace unos meses alguien se lo hubiese planteado, le habría dejado perplejo.

Hay que aprender dos cosas fundamentales: a confiar y a desconectar. Es importante confiar en el centro y en su equipo profesional. Una vez que se consigue esta confianza, hay que desconectar.  Cuando se sale por la puerta de la residencia, tras la visita, debemos vivir nuestra propia vida. El personal de la residencia jamás va a suplir el amor de sus hijos, pero si les van a dar un cariño y unas atenciones que estas personas perciben de manera especial, progresivamente pueden volver a experimentar una alegría a veces olvidada.

Poco a poco, conforme van confiando en el centro y en su personal y van observando que su familiar se integra y se siente bien donde está, o incluso tiene mejor aspecto, realiza actividades o talleres cognitivos, fisioterapia, etc., empiezan a librarse de ese sentimiento de culpabilidad puesto que consiguen de nuevo la estabilidad emocional de la que antes carecían. Y es que el cuidador, de esta manera, se va sintiendo más descansado y va rehaciendo su vida, recobrando parte de su tiempo personal.

Para toda persona con buenos sentimientos, ingresar a una familiar en una Residencia es duro y es inevitable que surjan estos sentimientos negativos que, sin embargo, poco a poco deben ir desapareciendo. Por otra parte, es importante confiar a alguien esos sentimientos y miedos y pedir ayuda de un profesional.

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